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Grabación de dos alumnos teniendo sexo
En la meca del capitalismo, todo se puede convertir en un negocio. Incluso las catástrofes ambientales, como el cambio climático.
Ya no se trata sólo de Al Gore, que prepara la segunda parte de su incómoda verdad, sino de compañías de viajes que ofrecen rutas por algunos maravillosos parajes naturales en vísperas de desaparición, como para contribuir a esa catástrofe. Al menos, si se acaban cumpliendo los pronósticos de los científicos.
Según Ken Shapiro, jefe de redacción del TravelAge West, una revista para los agentes de viaje, no hay ninguna duda de que se ha creado un mercado alrededor del "turismo de la fatalidad", que incluye visitas al Polo Norte o las Maldivas, cuyos paisajes, al menos como los conocemos ahora, podrían desaparecer en los próximos años.
"(Para mucha gente) no se trata sólo de ir a un lugar exótico, sino a uno que esperan que desaparezca en el plazo de una generación", explica Shapiro. Las agencias de viaje debería usar el lema: "¡A viajar, que se acaba el mundo!"
LATAM: Reporte
